¿Qué te viene a la mente cuando hablas de generosidad? Para muchos, la generosidad se mide con un precio, pero no debería ser así. No tener medios monetarios no debería equivaler a una falta de generosidad, hay otras maneras, mucho más significativas, de dar.
Saber escuchar es generoso...
Tomarse el tiempo para escuchar, dar tiempo y dedicar atención a una persona es un acto de generosidad. Al escuchar a esta persona, siempre debes estar al cien por ciento con ellos, olvidándote de ti mismo por un momento y dándole toda la atención que puedas. ¿Qué es más generoso que mostrar a quienes nos rodean que somos confiables y estamos disponibles—en resumen, que estamos ahí porque nos importa? Al escuchar a alguien, obtienes un sentido de propósito, ya que estás haciendo algo bueno por otra persona. ¿Y qué es más gratificante que saber que hemos hecho lo correcto y que somos alguien que cuida de sus amigos? Tu gratificación inmediata y la apreciación del receptor son los resultados.
Dar sonrisas
La sonrisa tiene un poder de felicidad subestimado pero, lamentablemente, en nuestra sociedad (especialmente en las grandes ciudades), se utiliza cada vez menos. Las personas ahora viven para sí mismas, son más egoístas que nunca y, por lo tanto, ya no ven a quienes los rodean. Sonreír a alguien, incluso a un extraño, puede hacer que su día y el tuyo sean más hermosos. ¿Por qué? Dos razones simples: sonreír te hace más feliz. Verás, haz la prueba, obligarte a sonreír, y descubrirás que después de unos segundos, ¡ya no será falso! En segundo lugar, sonreír a alguien que no conocemos es un acto tan raro hoy en día que sorprenderá mucho a la persona que recibe este pequeño acto de amabilidad.
Si quieres ser más generoso para vivir mejor y estar más realizado, no ignores a la gente, ¡sonríe! Verás que haces más feliz a los demás, y a cambio tendrás una sonrisa propia. Sonreír a los demás requiere tan poco de ti, pero al final, puede aportar mucho a todos.